jueves, 3 de junio de 2021

Para siempre

Pensé que no volvería a escribirte nunca más, pero aquí me tienes. Tengo la necesidad de hacerlo por última vez. Para siempre.

Qué dos palabras esas, ¿verdad? Pueden significar lo más bonito del mundo y lo más triste a la vez. Y aunque pensamos que nuestra historia acabaría con un para siempre feliz, terminó por no ser así. No pasa nada, las historias siempre tienen un final aunque el nuestro llegó más pronto de lo que soñábamos.

Imagino que a estas alturas del partido no te importará saber acerca de los sentimientos que se esconden tras estas líneas. Muy intenso todo, supongo, pero siempre supiste que yo era así. Sin embargo, si te apetece leerlo, quizá te guste saber... que me di cuenta de muchas cosas durante el paso de estos años.

Me di cuenta de todo lo que hice mal, que visto en perspectiva, fue mucho. Y también me di cuenta de la razón por la cual somos incompatibles, ese gran misterio que ya no lo es tanto. Son tantas y tantas cosas por las que no funcionó, que duele pensarlo. Porque había amor, ¿verdad? Siempre lo hubo. Pero a veces eso no basta. No éramos lo que la otra persona quería o necesitaba y a la larga era intentar aferrarse a algo que terminaría destruyéndose y saltando por todas partes. Y creo que esa fue la clave de tanto daño... intentar encajar lo que no encaja.

¡Qué te voy a contar que no sepas! No voy a ponerme a hacer una tesis, somos conscientes de todo esto. Pero, al menos ahora, yo soy más consciente que nunca. Consciente de que hubo alguien que una vez apareció en mi vida, que me hizo muy feliz en muchos momentos. Con quién viví grandes aventuras y experiencias que nunca pensé haber vivido. Quién me rescató de monstruos sin saberlo y me permitió explorar muchas cosas de mí misma. 

Y estos años sin ti me han servido para conocerme a mí misma un poco más, para ser consciente de mí y de lo que quiero. Para mí y para otros. Soy más yo misma que nunca y me quiero lo que nunca me quise. 
Todos estos años sin ti me han servido para darme cuenta de que debo dejar de intentarlo, porque no te quiero para mí. Y seguro que tú tampoco me quieres para ti. Hay cosas de ti que no quiero y lo mismo te pasará a ti conmigo. Cosas en las que no encajamos, cosas que no se pueden tratar de cambiar... 
Tienes mucho amor que dar a otra persona que sin duda encaje contigo como una pieza de puzle perfecta. Que sea esa compañía que necesitas, con tus gustos, tus necesidades y tu misma manera de hacer las cosas. Yo no puedo darte eso, ni pude antes. Y solo cuando me di cuenta de ello, es que pude soltarte. 

Pero es gracias a ti y nuestra experiencia, que por fin he podido entregar mi corazón a otra persona. Quiero pensar que seré buena para ella, que sabré hacerlo. Sobre todo, sabré ver lo que quiero y lo que no y marcharme antes de forzar nada. Las relaciones tienen que fluir. Tienen que ir de dos personas que se quieren hasta reventar, que se miran y lo saben, que ríen por nada... va de dos corazones que explotan de felicidad.

Solo me queda decirte que me guardo todo lo bueno, sin duda. Pero que de lo malo también he aprendido mucho. Seguro que llegas a ser muy feliz con alguien que te quiera como te mereces, que haga que las horas se transformen en segundos y te emociones ante la perspectiva de todo lo que os parecéis.

Y habrá muchos días de mi vida en los que te pases por mi mente. Recordaré nuestros momentos más bonitos o los lugares a los que siempre quise llevarte. Seguramente acabe pasando por un motel de mala muerte en Madrid y sonría o entre en cierto parque que vio a dos adolescentes ocultarse tras las plantas para besarse. Sí. Siempre te llevaré conmigo de alguna manera, supongo. Y eso es bueno.

Gracias por ser una de las historias más bonitas de mi vida. Eso nunca se olvida.

Es hora de que escribamos otras nuevas. 

Hasta siempre. Para siempre.



martes, 4 de diciembre de 2018

El recuerdo de la guerra...

ANTES DE LA GUERRA

—Mierda, mierda, mierda.
—¿Aún nos siguen?—preguntó.
—Tienen localizadores, no vamos a poder darles esquinazo—contesté—no pueden hacernos esto. ¡No pueden hacerte esto!
—Quizá lo mejor sea rendirse.
—No puedes estar diciéndolo en serio.
El sonido de las sirenas de fondo, era la peor banda sonora para un momento como este. Las luces de las farolas se entremezclaban con las de los focos que nos andaban buscando. Que le andaban buscando. Me paré frente a él, mirándole como intentando comprender que se le pasaba por la mente. Como si mis ojos vieran a través de sus pensamientos. Pero no lograba entender nada.
—Me encontrarán—sentenció—tu misma lo has dicho, tienen localizadores. No se puede escapar de eso. No duraríamos ni dos días sin que nos dieran caza, así que será mejor aceptarlo y aprovechar este tiempo para despedirnos como es debido.
—¡Venga ya, Ded! No puedo creer lo que escucho. ¿Vas a entregarte sin más?
—¿Y qué otra opción me queda, Sally? ¿Pelear? Son más numerosos y tienen armas. No me matarán porque... me necesitan, pero sí que me castigarán y otro tanto harán contigo. Y no voy a pasar por lo segundo.
Las lágrimas que se habían agolpado en mis ojos, no me dejaban verle con claridad, pero tampoco quería derramarlas. Esos imbéciles no merecían que llorara por esto. Pero era injusto.

Ciudad Nueva se preparaba para una inminente guerra contra Alta Región, otro de los grandes territorios que había en Nuevo Mundo. Como no había suficientes voluntarios el gobierno decretó que obligarían a los hombres mayores de edad a alistarse en el ejército. Sin embargo los soldados, además de inexpertos eran débiles. Sus corazones y sus pensamientos quedaban atrás junto a sus familias, sus hijos, sus parejas... El gobierno estaba desesperado. Esos soldados no eran aptos para luchar y Alta Región conseguiría ganarnos terreno. Por eso, gracias a la alta tecnología que siempre había caracterizado a nuestra ciudad, lograron idear un dispositivo que arrancara de los nuevos soldados todo sentimiento. Se olvidaban de sus familias, de sus hijos, de sus parejas... en su corazón ya no quedaba espacio para nada más que no fuera luchar en la guerra. Todo rastro de amor desaparecía para dejar paso a un implacable ser capaz de quitar una vida sin mirar atrás. Habían inventado la fórmula para dejar de sentir. Para dejar de amar.

Y eso querían hacer en ese momento con mi novio: borrar de su corazón todo rastro de mí.


DESPUÉS DE LA GUERRA

Cada vez que paso por delante de tu casa, siento una punzada de dolor. A veces siento el deseo de llamar al timbre y esperar a que bajes, para dar una vuelta por el parque de siempre. Aquel que tiene un árbol de hojas rojas y ramas torcidas bajo el que nos besamos por primera vez. Ahora ese árbol ya no está pero… han plantado otros en su lugar.
Me miro las manos. Ya no me muerdo las uñas. También me he dejado crecer el pelo y ahora cae sobre mis hombros rebelde e indomable. Como era yo. Ahora ya no queda nada de eso. Me paseo por la ciudad como alguien a quién le han colgado una piedra enorme a la espalda. Llevo el peso de toda la desgracia que posaron sobre nosotros. Perdimos tanto el tiempo pensando que lo detendríamos para siempre... y aquí estoy, recordándote a cada segundo como si no pudiera sacarte de mi mente. Y no puedo. Sin embargo tú eres afortunado... ya no te acuerdas de mí.


ANTES DE LA GUERRA.

—Te he escrito dos veces por el Geolocalizador pero... no me has respondido.
—Lo siento—su voz sonaba distante al teléfono—he estado ocupado.
—Lo entiendo, pero si no hacemos el esfuerzo... mira, dentro de dos semanas te llevan al Puesto de Mando. Estarás seis meses de instrucción y no podré verte y... y luego te irás...
El sonido de las sirenas acalló mi voz y lo agradecí. Se me habían quebrado las palabras. Quería llorar pero no debía.
—Estás sacándolo todo de quicio.
Sentí dolor con aquella frase, pero no se lo dije.
—¿Ded? ¿Te estás escuchando? Esa maldita cosa ya te está haciendo efecto... ¡no eres tú!
No hubo respuesta.
—Ded… mañana... es mi cumpleaños. ¿Podrías volver a la normalidad un segundo? Desde que esos idiotas del gobierno te capturaron y te reclutaron y... y te dieron lo que sea que te hayan dado... no eres el mismo. No hemos tenido ni un segundo para nosotros... para despedirnos.
—¿Mañana?
—… mañana.
La pregunta había terminado de romper mi magullado corazón. Él ya no estaba. Había estado rehuyéndome y yo había estado tratando de luchar hasta el final, de quedarme. Pero nada quedaba de sí mismo dentro de él. Acabaron con sus sentimientos. Y conmigo dentro de ellos.


DESPUÉS DE LA GUERRA

Sigo caminando mientras te abrazo en mis pensamientos. ¿Dónde estarás ahora que ha acabado la guerra? Los daños que el dispositivo hizo en todos los soldados que el gobierno reclutó para la guerra eran irreversibles. Tú ya no sabes quién soy. Al principio te mostraste frío y distante, pero antes de que te llevaran al Puesto de Mando para tu instrucción, ya no me recordabas en absoluto. ¿A dónde te han llevado ahora? ¿Vives en una nueva ciudad? ¿Tienes nuevos amigos? ¿Puedes continuar con tu vida normal? ¿Te cuerdas de mí? ¿Sigues... vivo?


ANTES DE LA GUERRA

—Por favor, por favor, por favor... tienes que recordarme—supliqué contra el cuello de su camisa. Él se mantenía inmóvil.
En otros tiempos me hubiera abrazado, hubiera secado mis lágrimas. Ojalá pudiera decir que nunca fui importante para él y que en realidad no me quería. Sería mucho más fácil que estar aferrada a él implorando que vuelva en sí. Pero nunca fue así. Se lo hicieron. Y por más que le grite... no volverá en sí mismo. El efecto del dispositivo ha cumplido su misión: es un soldado sin sentimiento alguno.
Las sirenas sonaron de pronto, el signo de que una nueva tanda de misiles provenientes de Alta Región estaban dispuestos a bombardearnos. Todo ciudadano tenía que estar en una Zona de Contención en menos de tres minutos, los soldados, por su parte, tenían que presentarse en el Campamento más cercano o bien buscar a una cuadrilla para ayudar a guiar a los ciudadanos. Pero yo no podía moverme. Quería quedarme con él. No podía dejarle marchar.
—Por favor... S... Sally. Debes ir a la Zona de Contención con el resto de civiles.
Su voz era fría como el hielo.
—¡Me niego! No puedo creer que ya no... sientas nada por mí. ¿De verdad ha surtido efecto en ti lo que sea que te hayan dado? ¡Vuelve de una vez!
Le cogí del cuello de la camisa y le zarandeé levemente. Apenas le moví del sitio, pero noté en su rostro una expresión de sorpresa.
—No quiero tener que usar la fuerza, ve a la Zona de Contención.
Esta vez su voz fue como una fría losa cayendo sobre mi pecho y hundiéndolo.
—¡NO!
Me acerqué a él desesperada. Las lágrimas que había estado conteniendo hasta ese momento, saltaron por fin y recorrieron mis mejillas como un río embravecido.
—Bésame...—le pedí.
No reaccionó. Se quedó mirándome impertérrito.
—Bésame...—volví a suplicar.
Y esa vez me acerqué a él. Pegué mis labios contra los suyos esperando algún tipo de movimiento que no llegaba. Entonces moví los labios para arrancarle un beso... y me apartó.
—Por favor, ciudadana, vaya a la Zona de Contención inmediatamente.
La frase me rompió por completo. Ya no me reconocía en absoluto.
Solo era una ciudadana. Solo era un número para él. Un civil. Una desconocida.
Nadie, a pesar de que él para mí lo era todo.


DESPUÉS DE LA GUERRA

Aún recuerdo aquel día. Fue el último día que te volví a ver. Llegué con el corazón roto a la Zona de Contención justo antes de que cayera el primer misil que impactó de lleno en el centro de Ciudad Nueva. Ese día murieron 12 civiles y unos cuantos soldados. El ejército de Alta Región llegó después. Todos vosotros luchasteis contra ellos, con armas o cuerpo a cuerpo. Pero atrapados en aquel lugar los civiles a penas pudimos ver nada. Nunca llegué a saber si saliste ileso... o te perdí aquel día. En realidad te perdí mucho antes, pero quiero creer que si hoy te encontrara, ya después de haber vencido en la guerra, te acordarías de mí... aunque no sirviera de nada.

***

—¿Ya estás lista?
—¡Ajá!
—Guau, qué guapa te has puesto... He estado esperando todo el día para poder verte. Me moría de ganas...
Me besa en la sien. Siempre lo hace. Y por un momento te olvido y me siento en casa.
—¿A dónde quieres ir?—le pregunto sonriendo.
—¿Qué te parece al Tate's? Hoy hay una oferta de dos por uno en pizza pepperoni.
—Tú y tu pasión por las pizzas. ¿Qué pasa? ¿En Mando Gris no existían o qué?
—No te burles.—se rasca la cabeza y pone esa expresión que siempre me ablanda—Existían, pero apenas podíamos probarlas. Teníamos que prepararnos por si... nuestra región también entraba en guerra.
—Pero nunca os hicieron...
—¿El qué?
—Nada. No importa.
Me encojo de hombros. No quiero saber si en la ciudad de la que viene Hang, también les hicieron lo mismo que a ti. Si también le insertaron un dispositivo que le arrancara los sentimientos. Si también tuvo que olvidar a alguien. Si también... alguien le está recordando ahora mismo, como yo te recuerdo a ti, aunque ya no te tenga.

Siempre vas a estar en mi mente. No podrás odiarme por haber seguido con mi vida. De no haberlo hecho, yo no habría ganado mi propia guerra.


















viernes, 12 de enero de 2018

Hoy hace más frío que nunca

Hoy hace más frío que nunca.
Me arrebujo en mi abrigo mientras camino en dirección a ninguna parte, dejando que mis pies me lleven donde me quieran llevar. Al principio noto una gota sobre mi piel, luego dos y después veo como la gente comienza a sacar sus paraguas. No llevo el mío y, aunque tengo capucha, no me la pongo. Dejo que el agua salpique mi ropa y cale mis huesos, que siguen sintiendo más frío que nunca.
Una anciana regaña a su perro, que no quiere caminar, asustado por los charcos que se forman en la acera. Dos amigas ríen, corriendo como locas sin más cobertura que papeles de periódico. Una pareja pasea tranquilamente bajo el mismo paraguas, mientras se miran como si nada más hubiera fuera de esa burbuja.
Sigo caminando hasta un parque cuyos enormes árboles impiden que el agua llegue hasta mí y siga empapándome. Sé dónde estoy, sé a dónde voy a llegar. Sé hasta dónde me han traído mis pies traicioneros sin darme apenas cuenta. Giro un par de veces a la derecha, por un camino de setos y flores violetas y lo veo. Es el banco donde nos sentamos aquella vez, aún con cierta vergüenza pero llenos de deseo. Y contemplo nuestras iniciales, borrosas por el paso del tiempo y me pregunto hace cuántos años que pasó de todo eso. Se me empaña la vista y no es por la lluvia. Toco las letras en relieve y siento una pequeña descarga. Un pinchazo que pasa de mi mano al corazón.
Entonces me pregunto qué estará haciendo ahora. Si lo habrá conseguido y si siguió por ahí. Si fue o dejó de ser. Pero salgo de allí pronto, intentando volver a llevar mis pensamientos a la lluvia y al presente. Al momento.

Volvió a pasar tiempo. Tiempo desde que mis pies me traicionaran.
Cuando me pregunté si estaría en un sitio calentito, el día que hizo más frío que nunca.

martes, 2 de enero de 2018

El camino

ANTES

—Está muerto—decido.
—¿Segura?
—Se supone que cuando a alguien no le late el corazón ni respira... es que está muerto. Pero quizá me equivoque—respondo con sorna.
Sarder no dice nada. Gruñe algo para sí mismo que no logro comprender y se da la vuelta para comenzar a caminar colina abajo, sin tan siquiera decidir si vamos a dejar ahí el cuerpo. Yo no voy a decidirlo sola, si no quiere a ayudarme no voy a mancharme las manos con la sangre de un desconocido que no me importa lo más mínimo. Elijo seguirle, a dos pasos por detrás de él.
—No podemos continuar vagando por estos caminos, como ves... es peligroso—dice cuando nota que ya estoy a la altura suficiente como para escucharle.
—¿Y qué propones?
—Deberíamos acortar por Misadhael.
—¿Estás loco? ¿La región de los enanos? Una vez pongamos el pie dentro tendré lo menos doce manos sobándome las tetas. Son lascivos y no respetan. No pienso meterme ahí, porque entonces sí tendríamos una carnicería.
—No voy a dejar que te toquen.
—No necesito que dejes que me toquen, yo seré quién no les deje.
Sarder ríe por lo bajo y se para. Casi choco contra él. Se da la vuelta poco a poco y me lanza una mirada que no sé interpretar. Sus profundos ojos grises escudriñan mi rostro buscando algo que no encuentran, pues enseguida aparta la mirada.
—Es bien sabido que no nos conviene meternos en líos, pero no tenemos otra opción. Estos caminos han dejado de ser seguros... acortar por la región de los enanos nos permitirá mezclarnos un poco. Casi nadie vaga por esas tierras, los enanos no tienen riquezas y son sucios. Nos vendrá bien seguir por ahí.
—Como quieras, pero al primero que me toque se quedará sin mano.
Sarder pone los ojos en blanco, pero antes de que vuelva a darse la vuelta, veo que está sonriendo.


***

AHORA

Me sobresalto al escuchar al gallo. El amanecer me apremia para que emprenda de nuevo la marcha, antes de que cualquier otro caminante se ponga en pie. Hace años los senderos no eran seguros, pero mucho menos lo son ahora. Salgo aprisa del establo en el que había pasado la noche. Los dueños de la granja a la que pertenecía no estaban en casa... o estaban muertos. No quería arriesgarme a pasar la noche en aquella casa, así que me instalé en el establo y me escondí entre las pocas pajas que quedaban y que supuse que alguna vez habrían pertenecido a algún caballo.
Cargo mi mochila al hombro y noto como cada día que pasa va pesando menos. Cada vez tengo menos víveres, menos ropa y menos dinero. Y también menos ganas... Por las noches me acuesto pensando si será la última y si me levantaré al día siguiente. Estoy sola y he perdido las ganas, y de esto último hace años que tengo la certeza.
Todas las personas a las que alguna vez consideré mis amigos... mi familia... han muerto o me han abandonado. A decir verdad todos murieron y la única persona que me abandonó, fue Sarder.
En realidad le abandoné yo a él.
Hace diez años habíamos llegado a Misadhael, la región de los enanos. Por aquel entonces solo era una chiquilla de quince años y él ya me pasaba la edad por seis años más. No estaba interesada en él como un compañero sentimental, ni siquiera quería acostarme con él. Pero sí era para mí un compañero de aventuras... un camarada. Y en mi interior era mucho más importante que cualquier otra relación que pudiera tener con él.
Los primeros días descansamos en una taberna cuya dueña era una enana gorda y gruñona a la que solo le interesaba comer cerdo y cobrar. Pudimos permitirnos una habitación para ambos en la que trazábamos las mil maneras de intentar atravesar la región sin acabar siendo dos cadáveres sobre la grava y la arena. Pero conforme pasaban los días y las semanas, Sarder perdía las ganas de salir de allí. La tabernera parecía haberse interesado por él y le colmaba de atenciones. Un día cerdo asado, al otro cerdo guisado... todo gratis y sin tener que compensarla con nada más que su compañía. Un chiste por su parte y la tabernera nos alojaba gratis dos días más. Un guiño y toda la semana. Sin embargo yo tenía que mantenerme algo apartaba, pues ella no gozaba demasiado con mi presencia. Además varios enanos que llegaban allí a emborracharse y llenar la barriga, habían congeniado con Sarder, y le invitaban a cacerías, fiestas e incluso a los talleres donde fabricaban sus armas. Los enanos siempre habían sido famosos por ser los mejores forjadores de hierro del reino.
Cada día que pasaba le costaba más abandonar el lugar, y nuestros planes de fuga cada vez interesaban menos.
Pero yo no podía aguantar. No me interesaba ni la tabernera ni los demás enanos borrachos y viciosos. No me interesaba aquel lugar que olía a podredumbre, sudor y orín. Lo único que quería era continuar el camino hacia un lugar seguro sin perder la cabeza mientras intentaba lograrlo. Las primeras veces intenté disuadir a Sarder, pero se hacía complicado hablar con él. Cuando no estaba borracho estaba hasta reventar de cerdo y patatas, cansado, satisfecho y sin ganas de hacer otra cosa que no fuera dormir. Mi paciencia estaba ya en su límite, y aunque me dolía pensarlo, sabía que debía abandonarle allí mismo.
Ya no tenía interés por mí.
Ya no sabía que existía.
Y yo lo único que tenía que hacer era reponerme... y seguir el camino.

Logré salir de allí sin que a nadie, ni al propio Sarder, le importara demasiado. Continué el camino hasta hoy, durmiendo en chozas abandonadas o establos. Logré sobrevivir alimentándome de sobras y esperanzas. Y entonces me llegó la noticia... Sarder había muerto.
Al fin y al cabo, todos los que alguna vez había considerado amigos... están muertos después de todo. Todos.















domingo, 18 de septiembre de 2016

Lluvia

Las calles mojadas de la ciudad me devolvieron el recuerdo de la última tarde que nos vimos. Llovía, igual que hoy, y hacía un frío que calaba los huesos. Nuestro humor era tan gris como el color de las nubes y lo que crecía en nuestro interior quería estallar igual que la tormenta. 
Mi corazón, cansado, anticipaba el momento de soltarse por fin del tuyo y tú no imaginabas lo que estaba apunto de decir. ¿De verdad no podías saber qué estaba apunto de pasar? ¿De verdad nunca te diste cuenta del dolor que me provocabas? Ni yo misma me creo todo lo que había aguantado.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

La música sonaba en el reproductor, triste como el cielo encapotado. Estaba más que decidida. Pese a amarte con cada fibra de mi ser, una parte de mí estaba tan cansada como el pájaro que precario se sostenía de las ramas mojadas de los árboles. Incapaz de volver a volar bajo tus alas.

No puedo verte ahora.

Nunca te diste cuenta de mis llantos, de mis lágrimas camufladas bajo las gotas de lluvia. Y aunque yo no dejaba de gritártelo, mi voz era acallada por el sonido de los truenos. Nunca creíste que eran ciertas todas esas señales, que de verdad me ahogaba bajo la tormenta, y dejaste que las nubes grises me cubrieran. Y ahora, ¿quién será tu abrigo en el invierno? ¿Quién podrá escucharte bajo la tormenta? ¿Quién, de verdad, será quién te llene de besos bajo las hojas de otoño? Las respuestas tendrás que buscarlas tú, pues mi corazón se ha parado y ya no le interesa. 

No puedo verte ahora.

Te esperé durante varios minutos, a sabiendas de que llegarías tarde a la cita. Siempre llegabas tarde a lo que te dictaba mi corazón y fue lo que empezó a apagarlo. A cansarlo. A dejarlo morir por ti. Todo lo que siempre quise darte quedó en un lado de la zanja que le habías construido, y mis flechas de cariño ya no te alcanzaban. Ahora solo eran dardos que, débiles, ya no llegaban a la diana. Si tan solo te hubieras esforzado por tocar con tus dedos los míos. Solo un poco, un poco más.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

Me pesa el corazón, igual que lo hacen los párpados. Solo quiero dormir tras secarme de la lluvia y despertar al amparo de un aire nuevo. Necesito descansar, volver a volar cuando se sequen mis alas. Pero no siento decirte adiós, igual que tú no sentirás mi ausencia. Vuela cuando descampe.

Cuando te dije adiós, la lluvia tapó tus lágrimas y fue cuando lo entendiste. Siempre llegaste tarde y mi corazón no respondió a tu última llamada. Cuando te dije que te quise, se paró por completo.

No puedo verte más.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Encuentro (1)

Terracota: ¿Cuál es tu color favorito?
HadaGris: Hola, ¿qué tal?, ¿verdad que hace un bonito día?
Terracota: Hola, bien, sí. ¿Cuál es tu color favorito?
HadaGris: ¿A qué viene esta pregunta? ¿No soléis saludar por tu ciudad o qué...?
Terracota: Me gustaría saberlo. Es algo que me interesa, y suelo preocuparme más por lo que me interesa que por las cosas nimias.
HadaGris: El verde. ¿Y el tuyo?
Terracota: ¿Realmente te interesa saberlo o es una pregunta de rigor?
HadaGris: Me interesa.
Terracota: El amarillo.
HadaGris: No hay muchas personas a la que les guste ese color.
Terracota: Ya conoces a otra más. ¿En tu ciudad hay muchas cosas de color amarillo?
HadaGris: No. El color de mi ciudad es el gris.
Terracota: Vaya.
HadaGris: ¿Noto cierta decepción?
Terracota: Es evidente. El día del Encuentro será en tu ciudad, y me hubiera gustado ver algo de color amarillo. Me da seguridad.
HadaGris: ¿Temes el día del Encuentro?
Terracota: Quizá. ¿Y tú?
HadaGris: Teniendo en cuenta que será el único día que nos veamos en la vida... sí.
Terracota: ¿Y se te ha ocurrido cómo aprovechar ese día?
HadaGris: Nada especial. Lo único que me pregunto es porqué nos hacen esto.
Terracota: ¿Te refieres a por qué dejan que nos conozcamos, nos enamoremos y solo nos dejan vernos una sola vez? ¿A por qué solo vamos a poder hablar por chat toda nuestra vida?
HadaGris: Exacto.
Terracota: Bueno, ya lo explican en las lecciones de historia. Verse es lo que impide que la gente sea productiva. Los estudios certificaron que los lazos entre dos personas se equilibran si se mantienen a distancia y que los engranajes de nuestra sociedad actual funcionan mejor sin las relaciones de parejas en el plano físico.
HadaGris: Creo que es al revés. Una persona enamorada sufre si está lejos de quién ama, ¿no provocaría eso ser menos productivo?
Terracota: Lo dicho, al final te acostumbras y todo se equilibra.
HadaGris: No estoy de acuerdo. Nunca me acostumbraría a no tener cerca a quién quiero, ni yo ni nadie. Eso solo provoca tristezas, frustraciones y un desbarajuste suficiente como para desequilibrar todo y no al revés. ¿Qué me dices del deseo?
Terracota: ¿El deseo?
HadaGris: Sí. Las ganas de mantener contacto físico con tu pareja. Es obvio que necesitas de ese contacto, necesitas besar, abrazar... sentir. ¿Cómo pretenden que la sociedad vaya a derechas si la gente se frustra por no poder tocarse?
Terracota: La sociedad no va a derechas, pretenden que así sea. Al final no nos queda otra que acostumbrarnos. ¿Habrá frustraciones? Sí. ¿Habrá sufrimiento? Puede. Si la sociedad solo nos deja un día para estar juntos físicamente desde hace tantos años... será por una razón. Una razón con mucho peso.
HadaGris: ¿Qué razón?
Terracota: Pues que es mucho peor hacerlo de otro modo.




* * *

Terracota: ¿Estás despierta?
HadaGris: No.
Terracota:...
HadaGris: ¿Qué quieres?
Terracota: Estos últimos días has estado muy distante. ¿He hecho algo que te haya incomodado?
HadaGris: No. Pero no quiero encariñarme contigo.
Terracota: Se supone que la finalidad es esa: que te encariñes conmigo. Vamos, que nos enamoremos. Ya sabes en qué consisten las Pruebas de Selección, el Proceso y el Emparejamiento. Eso lo has estudiado, ¿no? Pues bien, cíñete al plan. Ahora estamos en la fase "el Cortejo" y sabes que...
HadaGris:... tenemos que conocernos y enamorarnos.
Terracota: Exacto. Bueno, al menos intentarlo.
HadaGris: ¿Y si no nos enamoramos?
Terracota: Quedaríamos Inservibles. Tú y yo. Así que nos desecharían. Desconectarían nuestros terminales y nos llevarían a... donde quiera que se lleven a la gente que no les sirve.
HadaGris: ¿los matan?
Terracota: No lo sé. Y la verdad, dejaría de hablar de estas cosas aquí. La Sociedad suele rastrear algunas conversaciones para detectar posibles rebeldes. Si ven algo raro en nosotros... despídete.
HadaGris: Odio esto. ¡Y me da igual si me están leyendo! ¿Qué clase de gente vive su vida a través de una pantalla? ¡Nunca he tocado a una amiga! ¡Jamás he escuchado la voz de mi mejor amigo! Soy una maldita máquina en realidad...
Terracota: ¿En tu ciudad no hay Dispares?
HadaGris: ¿Qué es eso?
Terracota: Cada ciudad tiene una característica (bastante pequeña) que permite más llevadero nuestro sistema de supervivencia. Por ejemplo en mi ciudad existen los días Dispares, el último día de los meses que terminan en número impar se nos permite salir de nuestros terminales y pasarlo con nuestros allegados. Así que todos los días 31 podemos interactuar entre nosotros salvo que seamos pareja.
HadaGris: Comprendo. Entonces supongo que en mi ciudad son los días del Objetivo.
Terracota: ¿En qué consisten?
HadaGris: Podemos conectar las cámaras de nuestros terminales y ver a alguien de nuestros contactos al azar.
Terracota: Deduzco por lo que has dicho antes, que nunca te ha tocado con algún amigo.
HadaGris: Deduces bien.
Terracota: No te preocupes, ese día llegará.
HadaGris: Hay otro día peor que temo que llegue.
Terracota: Tenemos tantos días extraños que realmente no me sorprendería ninguno.
HadaGris: También te incluye a ti...
Terracota: Creo que sé por dónde vas.
HadaGris: Esperarán que tengamos hijos.
Terracota: Ya sabes cómo va eso. Las únicas veces que te dejarán salir del terminal para ir al médico será cuando te... y será tan simple como eso. Quedarás embarazada.
HadaGris: Ojalá pudieras oírme gritar de indignación.
Terracota: Sé lo que detestas todo esto... pero recuerda lo que te dije de tener cuidado. Ahora discúlpame, es la hora de mi digitolección... Hoy me toca matemáticas y no sabes cómo las detesto.
HadaGris: Estudias en horarios muy raros...
Terracota: ... así me queda el resto del día para ti.
HadaGris: ¿Eso debería conmoverme?
Terracota: Ojalá sí que lo haga pronto.


* * *

HadaGris: Buenos días.
Terracota: Buenos días.
HadaGris: Ha llegado el momento, mañana... nos veremos.
Terracota: Mañana será el día. ¿Nerviosa?
HadaGris: Mucho. Estamos a un día de decidir si nos quedamos el uno con el otro para siempre y firmamos el Convenio de Emparejamiento...
Terracota: ¿Y acaso hay alguien que no lo haga? Lo firman incluso las parejas que no se gustan, porque de no hacerlo los marcan como Inservibles y... bueno, quién sabe qué pase con ellos. Así que solo nos queda intentar disfrutar del día.
HadaGris: ¿Y cómo será? Se supone que no podemos ver al resto de parejas vagar por la ciudad.
Terracota: Nunca me lo he preguntado. Quizá nos encierren en una sala.
HadaGris: Qué desalentador. Me gustaría ver un poco más la luz del sol.
Terracota: Y por eso los médicos no dan abasto... Hay mucha gente con problemas de columna, de vista o de colesterol por pasarse toda la vida frente al terminal. Eso desgasta. Y tú solo te preocupas por el sol... es... mono.
HadaGris: ¿mono?
Terracota: Que sepas que ahora mismo me estoy riendo.
HadaGris:...
Terracota: Por cierto, ¿hay algo más que quieras saber de mí antes de mañana?
HadaGris: Te gustaba el color amarillo, ¿verdad?
Terracota: Eso es.
HadaGris: Está bien, llevaré una camiseta de ese color.
Terracota: Vaya, es la primera vez que te noto colaborar con el sistema.
HadaGris: Lo hago por ti. Pese a esta mierda lo has intentado conmigo, y no es fácil.
Terracota: Te lo agradezco.
HadaGris: Y también algo importante... ¿te gusta la pizza?
Terracota: Sí.
HadaGris: ¿Con piña?
Terracota: ¿Qué loco le pone piña a la pizza por más amarilla que sea?
HadaGris: Ahora mismo yo también me estoy riendo.











sábado, 20 de agosto de 2016

Fantasma

Quise decirte adiós, pero no sabía como. Mi mente proyectaba recuerdos que deseaba extinguir con todas mis fuerzas o nunca podría soltarme de tu mano. Y necesitaba hacerlo. Cuántas veces sola abrazada a la almohada he llorado tu falta. Cuántas veces he sentido que caminaba de la mano de mi fantasma...
Nunca te diste cuenta de que en realidad caminaba a tu lado y me dejaste atrás. No supiste que me levantaba con tus cartas en la mano esperando lo que no llegaría. Nunca que dije que añoraba tiempos en los que aquel roble era el único testigo de los besos que me dabas. Y no dudé de que me quisieras, pero no supiste retenerme.

Te di las horas que no le había dado a ningún reloj.
Te di las palabras que ningún oído había escuchado.
Te di lo que siempre había tenido guardado.

Te di tanto amor... que no supiste qué hacer con él.

Para siempre

Pensé que no volvería a escribirte nunca más, pero aquí me tienes. Tengo la necesidad de hacerlo por última vez. Para siempre. Qué dos palab...