viernes, 12 de enero de 2018

Hoy hace más frío que nunca

Hoy hace más frío que nunca.
Me arrebujo en mi abrigo mientras camino en dirección a ninguna parte, dejando que mis pies me lleven donde me quieran llevar. Al principio noto una gota sobre mi piel, luego dos y después veo como la gente comienza a sacar sus paraguas. No llevo el mío y, aunque tengo capucha, no me la pongo. Dejo que el agua salpique mi ropa y cale mis huesos, que siguen sintiendo más frío que nunca.
Una anciana regaña a su perro, que no quiere caminar, asustado por los charcos que se forman en la acera. Dos amigas ríen, corriendo como locas sin más cobertura que papeles de periódico. Una pareja pasea tranquilamente bajo el mismo paraguas, mientras se miran como si nada más hubiera fuera de esa burbuja.
Sigo caminando hasta un parque cuyos enormes árboles impiden que el agua llegue hasta mí y siga empapándome. Sé dónde estoy, sé a dónde voy a llegar. Sé hasta dónde me han traído mis pies traicioneros sin darme apenas cuenta. Giro un par de veces a la derecha, por un camino de setos y flores violetas y lo veo. Es el banco donde nos sentamos aquella vez, aún con cierta vergüenza pero llenos de deseo. Y contemplo nuestras iniciales, borrosas por el paso del tiempo y me pregunto hace cuántos años que pasó de todo eso. Se me empaña la vista y no es por la lluvia. Toco las letras en relieve y siento una pequeña descarga. Un pinchazo que pasa de mi mano al corazón.
Entonces me pregunto qué estará haciendo ahora. Si lo habrá conseguido y si siguió por ahí. Si fue o dejó de ser. Pero salgo de allí pronto, intentando volver a llevar mis pensamientos a la lluvia y al presente. Al momento.

Volvió a pasar tiempo. Tiempo desde que mis pies me traicionaran.
Cuando me pregunté si estaría en un sitio calentito, el día que hizo más frío que nunca.

martes, 2 de enero de 2018

El camino

ANTES

—Está muerto—decido.
—¿Segura?
—Se supone que cuando a alguien no le late el corazón ni respira... es que está muerto. Pero quizá me equivoque—respondo con sorna.
Sarder no dice nada. Gruñe algo para sí mismo que no logro comprender y se da la vuelta para comenzar a caminar colina abajo, sin tan siquiera decidir si vamos a dejar ahí el cuerpo. Yo no voy a decidirlo sola, si no quiere a ayudarme no voy a mancharme las manos con la sangre de un desconocido que no me importa lo más mínimo. Elijo seguirle, a dos pasos por detrás de él.
—No podemos continuar vagando por estos caminos, como ves... es peligroso—dice cuando nota que ya estoy a la altura suficiente como para escucharle.
—¿Y qué propones?
—Deberíamos acortar por Misadhael.
—¿Estás loco? ¿La región de los enanos? Una vez pongamos el pie dentro tendré lo menos doce manos sobándome las tetas. Son lascivos y no respetan. No pienso meterme ahí, porque entonces sí tendríamos una carnicería.
—No voy a dejar que te toquen.
—No necesito que dejes que me toquen, yo seré quién no les deje.
Sarder ríe por lo bajo y se para. Casi choco contra él. Se da la vuelta poco a poco y me lanza una mirada que no sé interpretar. Sus profundos ojos grises escudriñan mi rostro buscando algo que no encuentran, pues enseguida aparta la mirada.
—Es bien sabido que no nos conviene meternos en líos, pero no tenemos otra opción. Estos caminos han dejado de ser seguros... acortar por la región de los enanos nos permitirá mezclarnos un poco. Casi nadie vaga por esas tierras, los enanos no tienen riquezas y son sucios. Nos vendrá bien seguir por ahí.
—Como quieras, pero al primero que me toque se quedará sin mano.
Sarder pone los ojos en blanco, pero antes de que vuelva a darse la vuelta, veo que está sonriendo.


***

AHORA

Me sobresalto al escuchar al gallo. El amanecer me apremia para que emprenda de nuevo la marcha, antes de que cualquier otro caminante se ponga en pie. Hace años los senderos no eran seguros, pero mucho menos lo son ahora. Salgo aprisa del establo en el que había pasado la noche. Los dueños de la granja a la que pertenecía no estaban en casa... o estaban muertos. No quería arriesgarme a pasar la noche en aquella casa, así que me instalé en el establo y me escondí entre las pocas pajas que quedaban y que supuse que alguna vez habrían pertenecido a algún caballo.
Cargo mi mochila al hombro y noto como cada día que pasa va pesando menos. Cada vez tengo menos víveres, menos ropa y menos dinero. Y también menos ganas... Por las noches me acuesto pensando si será la última y si me levantaré al día siguiente. Estoy sola y he perdido las ganas, y de esto último hace años que tengo la certeza.
Todas las personas a las que alguna vez consideré mis amigos... mi familia... han muerto o me han abandonado. A decir verdad todos murieron y la única persona que me abandonó, fue Sarder.
En realidad le abandoné yo a él.
Hace diez años habíamos llegado a Misadhael, la región de los enanos. Por aquel entonces solo era una chiquilla de quince años y él ya me pasaba la edad por seis años más. No estaba interesada en él como un compañero sentimental, ni siquiera quería acostarme con él. Pero sí era para mí un compañero de aventuras... un camarada. Y en mi interior era mucho más importante que cualquier otra relación que pudiera tener con él.
Los primeros días descansamos en una taberna cuya dueña era una enana gorda y gruñona a la que solo le interesaba comer cerdo y cobrar. Pudimos permitirnos una habitación para ambos en la que trazábamos las mil maneras de intentar atravesar la región sin acabar siendo dos cadáveres sobre la grava y la arena. Pero conforme pasaban los días y las semanas, Sarder perdía las ganas de salir de allí. La tabernera parecía haberse interesado por él y le colmaba de atenciones. Un día cerdo asado, al otro cerdo guisado... todo gratis y sin tener que compensarla con nada más que su compañía. Un chiste por su parte y la tabernera nos alojaba gratis dos días más. Un guiño y toda la semana. Sin embargo yo tenía que mantenerme algo apartaba, pues ella no gozaba demasiado con mi presencia. Además varios enanos que llegaban allí a emborracharse y llenar la barriga, habían congeniado con Sarder, y le invitaban a cacerías, fiestas e incluso a los talleres donde fabricaban sus armas. Los enanos siempre habían sido famosos por ser los mejores forjadores de hierro del reino.
Cada día que pasaba le costaba más abandonar el lugar, y nuestros planes de fuga cada vez interesaban menos.
Pero yo no podía aguantar. No me interesaba ni la tabernera ni los demás enanos borrachos y viciosos. No me interesaba aquel lugar que olía a podredumbre, sudor y orín. Lo único que quería era continuar el camino hacia un lugar seguro sin perder la cabeza mientras intentaba lograrlo. Las primeras veces intenté disuadir a Sarder, pero se hacía complicado hablar con él. Cuando no estaba borracho estaba hasta reventar de cerdo y patatas, cansado, satisfecho y sin ganas de hacer otra cosa que no fuera dormir. Mi paciencia estaba ya en su límite, y aunque me dolía pensarlo, sabía que debía abandonarle allí mismo.
Ya no tenía interés por mí.
Ya no sabía que existía.
Y yo lo único que tenía que hacer era reponerme... y seguir el camino.

Logré salir de allí sin que a nadie, ni al propio Sarder, le importara demasiado. Continué el camino hasta hoy, durmiendo en chozas abandonadas o establos. Logré sobrevivir alimentándome de sobras y esperanzas. Y entonces me llegó la noticia... Sarder había muerto.
Al fin y al cabo, todos los que alguna vez había considerado amigos... están muertos después de todo. Todos.















domingo, 18 de septiembre de 2016

Lluvia

Las calles mojadas de la ciudad me devolvieron el recuerdo de la última tarde que nos vimos. Llovía, igual que hoy, y hacía un frío que calaba los huesos. Nuestro humor era tan gris como el color de las nubes y lo que crecía en nuestro interior quería estallar igual que la tormenta. 
Mi corazón, cansado, anticipaba el momento de soltarse por fin del tuyo y tú no imaginabas lo que estaba apunto de decir. ¿De verdad no podías saber qué estaba apunto de pasar? ¿De verdad nunca te diste cuenta del dolor que me provocabas? Ni yo misma me creo todo lo que había aguantado.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

La música sonaba en el reproductor, triste como el cielo encapotado. Estaba más que decidida. Pese a amarte con cada fibra de mi ser, una parte de mí estaba tan cansada como el pájaro que precario se sostenía de las ramas mojadas de los árboles. Incapaz de volver a volar bajo tus alas.

No puedo verte ahora.

Nunca te diste cuenta de mis llantos, de mis lágrimas camufladas bajo las gotas de lluvia. Y aunque yo no dejaba de gritártelo, mi voz era acallada por el sonido de los truenos. Nunca creíste que eran ciertas todas esas señales, que de verdad me ahogaba bajo la tormenta, y dejaste que las nubes grises me cubrieran. Y ahora, ¿quién será tu abrigo en el invierno? ¿Quién podrá escucharte bajo la tormenta? ¿Quién, de verdad, será quién te llene de besos bajo las hojas de otoño? Las respuestas tendrás que buscarlas tú, pues mi corazón se ha parado y ya no le interesa. 

No puedo verte ahora.

Te esperé durante varios minutos, a sabiendas de que llegarías tarde a la cita. Siempre llegabas tarde a lo que te dictaba mi corazón y fue lo que empezó a apagarlo. A cansarlo. A dejarlo morir por ti. Todo lo que siempre quise darte quedó en un lado de la zanja que le habías construido, y mis flechas de cariño ya no te alcanzaban. Ahora solo eran dardos que, débiles, ya no llegaban a la diana. Si tan solo te hubieras esforzado por tocar con tus dedos los míos. Solo un poco, un poco más.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

Me pesa el corazón, igual que lo hacen los párpados. Solo quiero dormir tras secarme de la lluvia y despertar al amparo de un aire nuevo. Necesito descansar, volver a volar cuando se sequen mis alas. Pero no siento decirte adiós, igual que tú no sentirás mi ausencia. Vuela cuando descampe.

Cuando te dije adiós, la lluvia tapó tus lágrimas y fue cuando lo entendiste. Siempre llegaste tarde y mi corazón no respondió a tu última llamada. Cuando te dije que te quise, se paró por completo.

No puedo verte más.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Encuentro (1)

Terracota: ¿Cuál es tu color favorito?
HadaGris: Hola, ¿qué tal?, ¿verdad que hace un bonito día?
Terracota: Hola, bien, sí. ¿Cuál es tu color favorito?
HadaGris: ¿A qué viene esta pregunta? ¿No soléis saludar por tu ciudad o qué...?
Terracota: Me gustaría saberlo. Es algo que me interesa, y suelo preocuparme más por lo que me interesa que por las cosas nimias.
HadaGris: El verde. ¿Y el tuyo?
Terracota: ¿Realmente te interesa saberlo o es una pregunta de rigor?
HadaGris: Me interesa.
Terracota: El amarillo.
HadaGris: No hay muchas personas a la que les guste ese color.
Terracota: Ya conoces a otra más. ¿En tu ciudad hay muchas cosas de color amarillo?
HadaGris: No. El color de mi ciudad es el gris.
Terracota: Vaya.
HadaGris: ¿Noto cierta decepción?
Terracota: Es evidente. El día del Encuentro será en tu ciudad, y me hubiera gustado ver algo de color amarillo. Me da seguridad.
HadaGris: ¿Temes el día del Encuentro?
Terracota: Quizá. ¿Y tú?
HadaGris: Teniendo en cuenta que será el único día que nos veamos en la vida... sí.
Terracota: ¿Y se te ha ocurrido cómo aprovechar ese día?
HadaGris: Nada especial. Lo único que me pregunto es porqué nos hacen esto.
Terracota: ¿Te refieres a por qué dejan que nos conozcamos, nos enamoremos y solo nos dejan vernos una sola vez? ¿A por qué solo vamos a poder hablar por chat toda nuestra vida?
HadaGris: Exacto.
Terracota: Bueno, ya lo explican en las lecciones de historia. Verse es lo que impide que la gente sea productiva. Los estudios certificaron que los lazos entre dos personas se equilibran si se mantienen a distancia y que los engranajes de nuestra sociedad actual funcionan mejor sin las relaciones de parejas en el plano físico.
HadaGris: Creo que es al revés. Una persona enamorada sufre si está lejos de quién ama, ¿no provocaría eso ser menos productivo?
Terracota: Lo dicho, al final te acostumbras y todo se equilibra.
HadaGris: No estoy de acuerdo. Nunca me acostumbraría a no tener cerca a quién quiero, ni yo ni nadie. Eso solo provoca tristezas, frustraciones y un desbarajuste suficiente como para desequilibrar todo y no al revés. ¿Qué me dices del deseo?
Terracota: ¿El deseo?
HadaGris: Sí. Las ganas de mantener contacto físico con tu pareja. Es obvio que necesitas de ese contacto, necesitas besar, abrazar... sentir. ¿Cómo pretenden que la sociedad vaya a derechas si la gente se frustra por no poder tocarse?
Terracota: La sociedad no va a derechas, pretenden que así sea. Al final no nos queda otra que acostumbrarnos. ¿Habrá frustraciones? Sí. ¿Habrá sufrimiento? Puede. Si la sociedad solo nos deja un día para estar juntos físicamente desde hace tantos años... será por una razón. Una razón con mucho peso.
HadaGris: ¿Qué razón?
Terracota: Pues que es mucho peor hacerlo de otro modo.




* * *

Terracota: ¿Estás despierta?
HadaGris: No.
Terracota:...
HadaGris: ¿Qué quieres?
Terracota: Estos últimos días has estado muy distante. ¿He hecho algo que te haya incomodado?
HadaGris: No. Pero no quiero encariñarme contigo.
Terracota: Se supone que la finalidad es esa: que te encariñes conmigo. Vamos, que nos enamoremos. Ya sabes en qué consisten las Pruebas de Selección, el Proceso y el Emparejamiento. Eso lo has estudiado, ¿no? Pues bien, cíñete al plan. Ahora estamos en la fase "el Cortejo" y sabes que...
HadaGris:... tenemos que conocernos y enamorarnos.
Terracota: Exacto. Bueno, al menos intentarlo.
HadaGris: ¿Y si no nos enamoramos?
Terracota: Quedaríamos Inservibles. Tú y yo. Así que nos desecharían. Desconectarían nuestros terminales y nos llevarían a... donde quiera que se lleven a la gente que no les sirve.
HadaGris: ¿los matan?
Terracota: No lo sé. Y la verdad, dejaría de hablar de estas cosas aquí. La Sociedad suele rastrear algunas conversaciones para detectar posibles rebeldes. Si ven algo raro en nosotros... despídete.
HadaGris: Odio esto. ¡Y me da igual si me están leyendo! ¿Qué clase de gente vive su vida a través de una pantalla? ¡Nunca he tocado a una amiga! ¡Jamás he escuchado la voz de mi mejor amigo! Soy una maldita máquina en realidad...
Terracota: ¿En tu ciudad no hay Dispares?
HadaGris: ¿Qué es eso?
Terracota: Cada ciudad tiene una característica (bastante pequeña) que permite más llevadero nuestro sistema de supervivencia. Por ejemplo en mi ciudad existen los días Dispares, el último día de los meses que terminan en número impar se nos permite salir de nuestros terminales y pasarlo con nuestros allegados. Así que todos los días 31 podemos interactuar entre nosotros salvo que seamos pareja.
HadaGris: Comprendo. Entonces supongo que en mi ciudad son los días del Objetivo.
Terracota: ¿En qué consisten?
HadaGris: Podemos conectar las cámaras de nuestros terminales y ver a alguien de nuestros contactos al azar.
Terracota: Deduzco por lo que has dicho antes, que nunca te ha tocado con algún amigo.
HadaGris: Deduces bien.
Terracota: No te preocupes, ese día llegará.
HadaGris: Hay otro día peor que temo que llegue.
Terracota: Tenemos tantos días extraños que realmente no me sorprendería ninguno.
HadaGris: También te incluye a ti...
Terracota: Creo que sé por dónde vas.
HadaGris: Esperarán que tengamos hijos.
Terracota: Ya sabes cómo va eso. Las únicas veces que te dejarán salir del terminal para ir al médico será cuando te... y será tan simple como eso. Quedarás embarazada.
HadaGris: Ojalá pudieras oírme gritar de indignación.
Terracota: Sé lo que detestas todo esto... pero recuerda lo que te dije de tener cuidado. Ahora discúlpame, es la hora de mi digitolección... Hoy me toca matemáticas y no sabes cómo las detesto.
HadaGris: Estudias en horarios muy raros...
Terracota: ... así me queda el resto del día para ti.
HadaGris: ¿Eso debería conmoverme?
Terracota: Ojalá sí que lo haga pronto.


* * *

HadaGris: Buenos días.
Terracota: Buenos días.
HadaGris: Ha llegado el momento, mañana... nos veremos.
Terracota: Mañana será el día. ¿Nerviosa?
HadaGris: Mucho. Estamos a un día de decidir si nos quedamos el uno con el otro para siempre y firmamos el Convenio de Emparejamiento...
Terracota: ¿Y acaso hay alguien que no lo haga? Lo firman incluso las parejas que no se gustan, porque de no hacerlo los marcan como Inservibles y... bueno, quién sabe qué pase con ellos. Así que solo nos queda intentar disfrutar del día.
HadaGris: ¿Y cómo será? Se supone que no podemos ver al resto de parejas vagar por la ciudad.
Terracota: Nunca me lo he preguntado. Quizá nos encierren en una sala.
HadaGris: Qué desalentador. Me gustaría ver un poco más la luz del sol.
Terracota: Y por eso los médicos no dan abasto... Hay mucha gente con problemas de columna, de vista o de colesterol por pasarse toda la vida frente al terminal. Eso desgasta. Y tú solo te preocupas por el sol... es... mono.
HadaGris: ¿mono?
Terracota: Que sepas que ahora mismo me estoy riendo.
HadaGris:...
Terracota: Por cierto, ¿hay algo más que quieras saber de mí antes de mañana?
HadaGris: Te gustaba el color amarillo, ¿verdad?
Terracota: Eso es.
HadaGris: Está bien, llevaré una camiseta de ese color.
Terracota: Vaya, es la primera vez que te noto colaborar con el sistema.
HadaGris: Lo hago por ti. Pese a esta mierda lo has intentado conmigo, y no es fácil.
Terracota: Te lo agradezco.
HadaGris: Y también algo importante... ¿te gusta la pizza?
Terracota: Sí.
HadaGris: ¿Con piña?
Terracota: ¿Qué loco le pone piña a la pizza por más amarilla que sea?
HadaGris: Ahora mismo yo también me estoy riendo.











sábado, 20 de agosto de 2016

Fantasma

Quise decirte adiós, pero no sabía como. Mi mente proyectaba recuerdos que deseaba extinguir con todas mis fuerzas o nunca podría soltarme de tu mano. Y necesitaba hacerlo. Cuántas veces sola abrazada a la almohada he llorado tu falta. Cuántas veces he sentido que caminaba de la mano de mi fantasma...
Nunca te diste cuenta de que en realidad caminaba a tu lado y me dejaste atrás. No supiste que me levantaba con tus cartas en la mano esperando lo que no llegaría. Nunca que dije que añoraba tiempos en los que aquel roble era el único testigo de los besos que me dabas. Y no dudé de que me quisieras, pero no supiste retenerme.

Te di las horas que no le había dado a ningún reloj.
Te di las palabras que ningún oído había escuchado.
Te di lo que siempre había tenido guardado.

Te di tanto amor... que no supiste qué hacer con él.

domingo, 24 de julio de 2016

Extinción

Cruzaría mil mares tan solo para poder beber de tus labios aún sabiendo que, cruel compañera, rechazarías el solo rozar de mis manos. ¿Porqué seguir dando pasos hacia delante cuando sé que alejarte siempre fue la opción que creías más acertada? Y sin embargo algo me impulsaba a seguir tu sombra intentando resguardarme de lo que siempre me quemaba. Si tuviera que soportar los crueles rayos del astro reinante lo haría gustosa mientras el camino me llevara hasta ti, pero nunca te encontraría. Tu espíritu esquivo se escondería en cualquier rincón resguardándose de la oscuridad y de mí, resguardándose de todo lo que puedo darle y ninguno conocerá. Mi cien por cien es tuyo como siempre lo fue mi alma, ahora un ánima que se aleja para perderse entre el cielo y el mar en un limbo de soledad. Y no se me escapa que es a otra a quién dedicas tus suspiros y las sonrisas que me son tan desconocidas como el resto de fantasmas que poco a poco comienzan a instalarse donde ahora tengo un hueco porque perdí mi corazón. Y no se me escapa que ya no soy en lo primero que piensas porque perdí el torneo que se libraba en tu interior. No pude ofrecerte más que mi todo, pero no es el todo que llenaría tu nada. Si es ella lo que quieres que sea, si es ella lo que sea que quieres... no está en mí seguir luchando en una justa perdida donde solo soy un caballero sin lanza cuya baza era la fe. Ni con toda la del mundo podría competir, solo podría dedicarme a mirar como te sigues alejando, ahora acompañada. Mi sombra rozará la tuya, mi alma aguardará la tuya. Pero mi cuerpo se pudrirá como lo hace un fruto al que carcomen los gusanos.
Yo estoy carcomida por dentro. Se extinguen mis vértices, se secan mis aristas.
Me pierdo en el desierto y dejo de cruzar mares.
Y mientras tú te alejas yo cierro los ojos pues lo único que puedo hacer ya es soñarte.

domingo, 17 de julio de 2016

Redención

Me canso. Agotada noto como mi mente, ya de por sí embotada, lucha por salir a flote de entre un mar de dudas y desesperanza. Siento que no puedo, que me hundo como un navío lleno de grietas que solo quiere expirar en altamar. Sin lugar a dudas mi corazón ya no palpita, al menos no cuando antaño acompañaba con su murmullo a los pájaros cantores y es entonces cuando sé que estoy haciendo lo correcto. Pura supervivencia.

Ojalá no tuviera que huir del bosque de espinas con el que me recibe tu alma, antes mi refugio, ahora mi Averno particular. Cual canto de Dante bajo de tu mano hasta el Purgatorio donde suspiro por dejar atrás todos los pecados que me hiciste cometer. Tu cruel mano, anteriormente suave como el algodón, me araña añadiendo más dolor a mis aristas.

Mi cuerpo baja contigo, esperando la redención, pues lo ensuciamos enredados en sábanas. Sin embargo mi mente, mi eterna enemiga, me sacude con preguntas que nunca has logrado responderme. Quizá si algún día me quisiste logres liberarme de las cadenas que aún me atan al espíritu insondable del que me enamoré en el pasado. Ya no me quieres ver, y sin el ver ya no me quieres a secas.

Donde quedó tu dulzura yace mi alma, ahora dormida. Ahora callada.
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