lunes, 2 de mayo de 2016

En tierra de magos (2)

Supongo que nunca sabré lo que es estar a punto de perder a la persona que más te importa. Yo no tengo esa "única persona" en el mundo. Pensaba que quizá sería él pero... no soy correspondida, de modo que no puede ser. Siempre he querido experimentar qué se siente al haber encontrado tu otra mitad y que esta te corresponda de igual forma. Saber qué es el estar devastado y herido, pero en cualquier momento poder llegar hasta sus brazos para que te estrechen y hacer que te sientas mejor. Saber que aunque caigas, estará para amortiguar tu caída. Y que aunque a veces las cosas fallen podáis superar los obstáculos juntos...
Quise que me sucediera a mí, pero no sé que hice para que la estrella se perdiera por el camino. Y como no sé lo que se siente, miro a Dunham y no lo entiendo. No entiendo cómo es capaz de quitarse el gorro de lana y dejar su frente al descubierto, revelando su raza y poniéndose en peligro, solo para luchar por ella. No entiendo porqué es capaz de sortear las filas y filas de magos que comienzan a amenazarle para llegar hasta donde está e intentar salvarla. No entiendo las lágrimas que ruedan por sus mejillas y esa expresión de profundo terror en su rostro. No logro saber cómo es que ha reunido las fuerzas necesarias para correr aún muriéndose de hambre tras días sin alimento alguno. ¿Algún día tendré la suerte de encontrar a quién me ame a mí de la misma manera? ¿Seré capaz de mantenerle a mi lado? ¿Y si lo encuentro pero no soy... buena? Mi temor crece en mi interior y me siento egoísta. Debería ayudar a Dunham, y sin embargo otra parte de mí no quiere. Quiere ver a Meira arder, perecer, para que él se olvide de ella. Para que por fin él deje de mirarme sin mirar. Para que por fin deje de importarle cualquier cosa menos yo.
Porque no merezco su atención si no puedo darle lo que Meira le da. ¿Qué es? Lo desconozco. No sé nada de ella, aparte de lo que Dunham me cuenta. Pero tengo que saberlo por mí misma, y si es la mitad de lo que él dice que es... entonces le dejaré marchar. Mientras tanto solo puedo hacer caso a mi parte egoísta y no moverme. No quiero moverme...
Un mago me tira al suelo al reconocer que el gorro que llevo es igual que el de Dunham. Me lo quita con fiereza y deja al descubierto mi marca, la marca de mi raza, los Spodianos.
—¡Aquí hay otra!—llego a oír.
La vista comienza a nublárseme y los oídos me pitan. Ya no sé si usan un hechizo contra mí o simplemente me he cansado. De repente todo se vuelve gris... luego, negro.

Quiero que se acabe todo. Que Dunham vuelva o se marche para siempre.
Pero algo tiene que cambiar.

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