domingo, 17 de julio de 2016

Redención

Me canso. Agotada noto como mi mente, ya de por sí embotada, lucha por salir a flote de entre un mar de dudas y desesperanza. Siento que no puedo, que me hundo como un navío lleno de grietas que solo quiere expirar en altamar. Sin lugar a dudas mi corazón ya no palpita, al menos no cuando antaño acompañaba con su murmullo a los pájaros cantores y es entonces cuando sé que estoy haciendo lo correcto. Pura supervivencia.

Ojalá no tuviera que huir del bosque de espinas con el que me recibe tu alma, antes mi refugio, ahora mi Averno particular. Cual canto de Dante bajo de tu mano hasta el Purgatorio donde suspiro por dejar atrás todos los pecados que me hiciste cometer. Tu cruel mano, anteriormente suave como el algodón, me araña añadiendo más dolor a mis aristas.

Mi cuerpo baja contigo, esperando la redención, pues lo ensuciamos enredados en sábanas. Sin embargo mi mente, mi eterna enemiga, me sacude con preguntas que nunca has logrado responderme. Quizá si algún día me quisiste logres liberarme de las cadenas que aún me atan al espíritu insondable del que me enamoré en el pasado. Ya no me quieres ver, y sin el ver ya no me quieres a secas.

Donde quedó tu dulzura yace mi alma, ahora dormida. Ahora callada.

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