domingo, 18 de septiembre de 2016

Lluvia

Las calles mojadas de la ciudad me devolvieron el recuerdo de la última tarde que nos vimos. Llovía, igual que hoy, y hacía un frío que calaba los huesos. Nuestro humor era tan gris como el color de las nubes y lo que crecía en nuestro interior quería estallar igual que la tormenta. 
Mi corazón, cansado, anticipaba el momento de soltarse por fin del tuyo y tú no imaginabas lo que estaba apunto de decir. ¿De verdad no podías saber qué estaba apunto de pasar? ¿De verdad nunca te diste cuenta del dolor que me provocabas? Ni yo misma me creo todo lo que había aguantado.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

La música sonaba en el reproductor, triste como el cielo encapotado. Estaba más que decidida. Pese a amarte con cada fibra de mi ser, una parte de mí estaba tan cansada como el pájaro que precario se sostenía de las ramas mojadas de los árboles. Incapaz de volver a volar bajo tus alas.

No puedo verte ahora.

Nunca te diste cuenta de mis llantos, de mis lágrimas camufladas bajo las gotas de lluvia. Y aunque yo no dejaba de gritártelo, mi voz era acallada por el sonido de los truenos. Nunca creíste que eran ciertas todas esas señales, que de verdad me ahogaba bajo la tormenta, y dejaste que las nubes grises me cubrieran. Y ahora, ¿quién será tu abrigo en el invierno? ¿Quién podrá escucharte bajo la tormenta? ¿Quién, de verdad, será quién te llene de besos bajo las hojas de otoño? Las respuestas tendrás que buscarlas tú, pues mi corazón se ha parado y ya no le interesa. 

No puedo verte ahora.

Te esperé durante varios minutos, a sabiendas de que llegarías tarde a la cita. Siempre llegabas tarde a lo que te dictaba mi corazón y fue lo que empezó a apagarlo. A cansarlo. A dejarlo morir por ti. Todo lo que siempre quise darte quedó en un lado de la zanja que le habías construido, y mis flechas de cariño ya no te alcanzaban. Ahora solo eran dardos que, débiles, ya no llegaban a la diana. Si tan solo te hubieras esforzado por tocar con tus dedos los míos. Solo un poco, un poco más.

No puedo verte ahora.
No puedo verte ahora.

Me pesa el corazón, igual que lo hacen los párpados. Solo quiero dormir tras secarme de la lluvia y despertar al amparo de un aire nuevo. Necesito descansar, volver a volar cuando se sequen mis alas. Pero no siento decirte adiós, igual que tú no sentirás mi ausencia. Vuela cuando descampe.

Cuando te dije adiós, la lluvia tapó tus lágrimas y fue cuando lo entendiste. Siempre llegaste tarde y mi corazón no respondió a tu última llamada. Cuando te dije que te quise, se paró por completo.

No puedo verte más.

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